Mié. Mar 4th, 2026
  • Una semana después de la caída de “El Mencho” las víctimas, olvidadas.
  • La presidenta Sheinbaum y un golpe de timón sin opción de retroceso.
  • Desactivar la red de complicidades políticas y congelar redes financieras ilegales.

 

 

Por: Raúl Ramírez González

 

¿PERÍODO DE REACOMODOS?

Ocho días han transcurrido desde el operativo interinstitucional que permitió a las autoridades mexicanas abatir al criminal más buscado en el mundo, perpetrador de una de las redes delictivas con mayor presencia internacional y la situación en nuestro país luce entrampada.

Por un lado, el evidente golpe de timón ejercido por la presidenta Claudia Sheinbaum exhibió la fallida estrategia de su antecesor en materia de seguridad pública con su propuesta de “abrazos y no balazos” que favoreció el crecimiento de la estructura del cártel más poderoso en cuatro continentes y por el otro, abrió su confrontación directa con el ala radical del partido en el poder encarnada por los santones de la cúpula obradorista.

En paralelo, la compleja situación que no dejó duda alguna sobre el verdadero poder del Estado mexicano marcó el inicio de un explicable período de ajustes sobre el que es preciso reflexionar:

Al interior de la estructura criminal del CJNG, las autoridades monitorean con atención cómo evolucionará este grupo criminal, ¿quién se hará cargo de su operación? y ¿cuáles serán los pasos por seguir hacia su desarticulación plena? después de que el cadáver de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”fue entregado a sus familiares,

¿RECRUDECIMIENTO DE LA CONFRONTACIÓN O CAMBIO DE PERFIL?

Lo sucedido en el país en la semana posterior al operativo ha estado marcado por escarceos de facciones delincuenciales oportunistas que, buscando sacar ganancia a río revuelto, han promovido cierre parcial de carreteras, robo de vehículos y amagos de enfrentamiento con las fuerzas del orden, favorecido esto por el estallido bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán en el que la atención del gobierno de Estados Unidos tuvo que enfocarse a la zona de Medio Oriente.

La ocasión se presenta inmejorable para la administración de la presidenta Sheinbaum pues la aprobación generalizada por este cambio en el esquema nacional de seguridad descarta cualquier retroceso aún ante la posibilidad de que la delincuencia organizada pretendiera agudizar la confrontación con las fuerzas del orden o migrar hacia un perfil más conservador.

De acuerdo con los sondeos de opinión más recientes, el repunte en los niveles de aprobación por este viraje del gobierno claudista pueden irse a las nubes si la brújula oficial se enfoca en el desmantelamiento de la estructura financiera de los cárteles; el congelamiento de sus activos, pero, sobre todo, en la desarticulación de la red de complicidades políticas de alto nivel que permitieron la acelerada expansión de estos grupos criminales.

MÁS QUE “DAÑO COLATERAL” O ERRORES DE TIEMPO O CIRCUNSTANCIA

Ahora que el fenómeno mediático que precedió a la caída del “Mencho” sigue en receso, es imprescindible apelar a que el cambio en la estrategia nacional de seguridad pública se traduzca en mayor empatía y resiliencia con las víctimas que dejó como saldo el llamado “código rojo” declarado por la autoridad a la par del operativo contra el CJNG.

El paso necesario es superar el insensible concepto externado por funcionarios de los distintos niveles de gobierno en el sentido de que los civiles fallecidos y sus familias deban asumir las pérdidas como “daño colateral” o el disparate de que fallecieron “por estar en el sitio equivocado en el momento equivocado”.

Basta con reconsiderar que, vía la impunidad y la protección de políticos, militares y policías corruptos, los que están fuera de lugar y circunstancia son los delincuentes.

Adicionalmente, se debe profundizar en una efectiva y oportuna reparación del daño a los deudos de las personas fallecidas, a los heridos y a los ciudadanos víctimas de secuestro, violencia y robo.

Más allá de las cifras oficiales que consignan 26 elementos de la Guardia Nacional y otras corporaciones caídas en el cumplimiento del deber, las 34 bajas del lado de los criminales y 3 civiles, el saldo es en sí mismo una tragedia desproporcionada que no podemos normalizar.

AFECTACIONES DE LAS QUE POCO SE HABLA

Para comprender la dimensión de la tragedia humana que trajo consigo la declaratoria del “Código Rojo” paralela a este operativo, basta con subrayar que se tiene registro de 252 bloqueos carreteros en 20 estados de la República Mexicana, así como el robo con violencia de 631 vehículos particulares de los cuales la mayoría no estaba asegurada y al menos 200 tráileres y otras unidades de transporte de carga.

De la misma manera, fueron incendiadas por lo menos 20 sucursales del Banco del Bienestar, 200 sucursales de la principal franquicia de Tiendas de Conveniencia en el país, diez gasolineras y por lo menos 15 farmacias.

No obstante, el daño patrimonial crece en forma exponencial cuando se revisa el quebranto a las cadenas productivas y de distribución de insumos que han dejado en la incertidumbre a empresas de mensajería, firmas operadoras de cable, plataformas digitales de envío y otros prestadores de servicios que más allá de la protección de las aseguradoras que las amparan no contemplan en esa previsión la recuperación de los empleos perdidos o el cierre parcial o total de algunas fuentes de trabajo.

El hartazgo ciudadano tiene como base la injusta ecuación en la que es la sociedad civil la que frente a estas contingencias pone los muertos y debe asimilar las pérdidas sin tener hasta el momento posibilidad alguna de un cambio auténtico de paradigmas.